Hay tensiones que vuelven por mucho que estires, posturas que se deshacen a media mañana y sobresaltos que parecen desproporcionados para lo que los provoca. Muchas personas conviven con estas sensaciones durante años sin encontrarles una explicación clara, porque las pruebas salen bien y nada parece fuera de lugar. En nuestra consulta de kinesiología en Barcelona escuchamos estas historias a diario, y con frecuencia la pista está en una etapa de la vida que nadie recuerda, los primeros meses. Los reflejos primitivos forman parte de ese origen, y entender cómo funcionan puede cambiar la forma en que miras tu propio cuerpo.
Qué son los reflejos primitivos
Los reflejos primitivos son respuestas motoras automáticas e involuntarias con las que el bebé llega al mundo. No los decide ni los aprende. Los controla el tronco encefálico, la parte más antigua del sistema nervioso, y se disparan siempre de la misma manera ante un mismo estímulo, ya sea un roce en la mejilla, un ruido fuerte o un giro de cabeza.
Su función es muy concreta. Durante el primer año de vida garantizan la supervivencia y sirven de base para el neurodesarrollo. El reflejo de succión, que aparece entre las semanas 32 y 35 de gestación, permite que el recién nacido se alimente sin que nadie tenga que enseñarle. El reflejo de Moro, presente desde la semana 28, es la respuesta de sobresalto en la que el bebé abre los brazos, toma aire y vuelve a recogerlos, normalmente con llanto. Otros, como la prensión palmar o el reflejo de búsqueda, también están activos antes del nacimiento.
Lo esperable es que no duren para siempre. A medida que el cerebro madura, el sistema nervioso central los va inhibiendo o integrando.
Este proceso ocurre, en general, entre los 3 y los 12 meses de edad, aunque cada reflejo sigue su propio calendario. La mayoría se integra entre los 3 y los 6 meses. El reflejo tónico simétrico del cuello es una excepción, porque aparece hacia los 6-8 meses y se inhibe entre los 9 y los 11, y la prensión plantar puede mantenerse hasta cerca del año. En esa inhibición participan, además del tronco encefálico, los ganglios basales y la corteza.
Cuando un reflejo se integra bien, no desaparece sin más. Deja paso a los movimientos voluntarios y a los reflejos posturales maduros, que sostienen el equilibrio, la postura y la coordinación sin que tengas que pensar en ello. Por eso, en consulta, solemos explicar la integración como un relevo más que como un borrado.
A veces, sin embargo, ese relevo no se completa o se deshace con el tiempo. Cuando aparecen reflejos primitivos en adultos, que persisten o reaparecen, suele deberse a dos escenarios clínicos muy diferentes.
El primero es una falta de integración desde la infancia, que el cuerpo compensa con adaptaciones posturales y de esfuerzo que pueden pasar desapercibidas durante años. El segundo es una reactivación patológica secundaria a un daño neurológico o, según describen algunos métodos de integración refleja, a situaciones de estrés extremo. Distinguir entre ambos es lo primero que hacemos al valorar a una persona.
Reflejos no integrados desde la infancia (persistencia)
En algunas personas, un reflejo nunca llegó a integrarse del todo de manera natural. Es lo que se conoce como persistencia de reflejos primitivos, y es más habitual de lo que parece.
Con los años, el cerebro adulto aprende a compensar esa respuesta involuntaria. Lo consigue a costa de un gran consumo de energía y de una tensión física permanente. Según las escuelas de integración refleja, la persona acaba resolviendo con esfuerzo consciente lo que debería funcionar en automático. Estos patrones siguen siendo detectables incluso en adultos jóvenes y sanos valorados en cuadrupedia. En un grupo de futbolistas de cantera, casi siete de cada diez mostraron algún reflejo activo.
Las manifestaciones más comunes en adultos son las siguientes.
Problemas posturales y desequilibrios musculares
Un reflejo que sigue activo modifica el tono muscular y el control postural, aunque sea de forma sutil. Para contrarrestarlo, el cuerpo adopta posturas forzadas, y esas posturas, sostenidas durante años, acaban provocando dolor crónico de espalda, cuello o articulaciones. Desde la integración refleja se describen tensiones asociadas a reflejos en la mandíbula, la columna dorsal y lumbar, las caderas, las rodillas y los pies, e incluso una pelvis rotada. En consulta lo vemos en personas cuyo dolor cervical vuelve a las pocas semanas de cada tratamiento, porque lo que mantiene la tensión sigue ahí.
Dificultades coordinativas
La coordinación motora también se resiente. Aparecen problemas de equilibrio, torpeza para aprender gestos nuevos o una rigidez excesiva que resta fluidez a los movimientos. En niños se ha relacionado la persistencia de los reflejos tónicos del cuello, el asimétrico y el simétrico, con déficits de equilibrio.
Factores cognitivos y de aprendizaje
Si el cerebro dedica recursos a frenar un patrón arcaico, le quedan menos para otras tareas. Así explican estas escuelas la fatiga mental, los fallos de concentración, las dificultades de comprensión o una velocidad de lectura más baja de lo esperado. Hay datos que relacionan los reflejos persistentes con síntomas de atención y con asimetrías en la fijación y la motilidad ocular, dos funciones básicas para leer con soltura.
Gestión emocional
El reflejo de Moro es el que más se vincula con el plano emocional, por su relación con el sistema nervioso autónomo. Cuando no se ha inhibido del todo, la persona tiende a vivir con más estrés crónico, hipersensibilidad sensorial a ruidos o luces, ansiedad y respuestas de alerta exageradas ante cualquier sobresalto.
Algunos adultos describen además una ansiedad anticipatoria, un miedo que aparece antes de que ocurra nada, y cierta tendencia a hiperventilar cuando algo les sobresalta. Reconocer este patrón ayuda a entender que no se trata solo de una cuestión de carácter.
Reaparición por daño o degeneración neurológica (liberación frontal)
En la neurología clínica clásica, la presencia súbita de ciertos reflejos primitivos en el adulto es una señal de alarma. Por eso reciben un nombre propio: signos de liberación frontal.
Indican que las áreas corticales superiores del cerebro, y en concreto el lóbulo frontal, han sufrido algún tipo de daño o bloqueo. En condiciones normales, esas áreas inhiben estas respuestas arcaicas. Cuando fallan, el reflejo queda liberado y vuelve a aparecer. Los más habituales son la prensión palmar, la succión, el reflejo de hociqueo, el palmomentoniano (una pequeña contracción del mentón al rozar la palma de la mano) y el glabelar, que hace parpadear repetidamente al tocar el entrecejo.
Este tipo de reactivación refleja tiene causas muy distintas a la falta de integración infantil. Suelen reactivarse debido a:
- Traumatismos craneoencefálicos o lesiones cervicales graves.
- Accidentes cerebrovasculares (ictus).
- Enfermedades neurodegenerativas, como el Alzheimer, otras demencias o el Parkinson.
- Procesos de estrés o trauma psicológico severo.
En este último punto conviene matizar. La relación con el trauma psicológico la plantean sobre todo algunos métodos de integración refleja. En personas con estrés postraumático, lo que sí se ha observado es un aumento de los llamados signos neurológicos blandos, que son otra categoría.
También es importante saber que encontrar uno de estos reflejos de forma aislada no siempre indica enfermedad. Su frecuencia aumenta con la edad. El reflejo palmomentoniano aparece en el 6-27 % de las personas sanas de entre 20 y 50 años y en el 28-60 % de los mayores de 60. El hociqueo sigue un patrón parecido. En cambio, la presencia de dos o más signos en personas mayores se ha asociado a un mayor riesgo de desarrollar demencia, así que la cantidad importa tanto como el tipo.
Lo que realmente pone en alerta es cómo aparecen. Las señales de alarma son estas:
- Aparición súbita o en cuestión de días.
- Presencia en un solo lado del cuerpo.
- Varios reflejos a la vez.
- Que se acompañen de debilidad, alteraciones del habla, dolor de cabeza intenso, confusión, pérdida de memoria o cambios en la marcha.
En nuestra clínica tenemos una norma clara. Ante cualquiera de estas señales, la valoración neurológica va siempre antes que cualquier abordaje kinesiológico, y derivamos a la persona al médico sin demora. Lo mismo ocurre con el signo de Babinski, en el que el dedo gordo del pie se extiende al estimular la planta. En un adulto indica siempre una lesión de la vía piramidal y no debe confundirse con un reflejo no integrado.
Ejemplos comunes de reflejos activos en adultos
En una valoración no todos los reflejos tienen el mismo peso. Hay cuatro que revisamos casi siempre en adultos, porque dejan una huella concreta en la postura, la coordinación y el estado de alerta. En la tabla puedes ver cómo se manifestaba cada uno en el bebé y qué posible impacto en el adulto describen las escuelas de integración refleja cuando no llegó a integrarse.
El RTAC aparece hacia la semana 35 de gestación y debería integrarse entre los 3 y los 4 meses, cuando el bebé empieza a llevarse las manos a la línea media. Si sigue activo, el brazo tiende a seguir a la cabeza. Hay personas que notan, por ejemplo, que el volante se les desvía ligeramente cada vez que miran hacia un lado al conducir.
El RTSC es un reflejo de transición. Aparece entre los 6 y los 8 meses y se inhibe entre los 9 y los 11, coincidiendo con el gateo.
En el adulto se reconoce enseguida en la forma de sentarse. Es la persona que enrosca las piernas en la silla, apoya la cabeza en la mano o se va hundiendo a lo largo de la jornada. También le cuesta pasar la vista de lejos a cerca, por ejemplo de la pantalla al papel, sin perder el hilo.
El reflejo de Moro debería inhibirse entre los 4 y los 6 meses, y su persistencia más allá de los 6 meses se considera anormal. En adultos solemos encontrarlo junto a hombros elevados y una respiración alta. En cuanto a la “fatiga adrenal”, conviene saber que no es un diagnóstico médico reconocido. Lo que la persona vive es un agotamiento real, ligado a la sobrecarga del eje del estrés y del sistema nervioso autónomo. Si ese cansancio se prolonga, es importante descartar con el médico otras causas, como problemas de tiroides, apnea del sueño o depresión.
La prensión palmar se integra entre los 4 y los 6 meses, y la prensión plantar entre los 9 y los 12 meses. Cuando el reflejo palmar persiste, se suele ver una presión excesiva sobre el bolígrafo, tensión en el antebrazo y, a veces, pequeños movimientos de la boca mientras se escribe. En el pie, el patrón más típico es una pisada en garra que sobrecarga la cadena hasta la rodilla y la cadera.
Además de estos cuatro, en adultos con dolor o problemas posturales también valoramos el reflejo de Galant, relacionado con molestias lumbares, y el reflejo tónico laberíntico, que influye en el equilibrio y el tono general.
¿Cómo se abordan en la edad adulta?
Lo primero es comprobar si hay reflejos activos y cuáles son. Para eso se usan pruebas físicas sencillas que analizan cómo responde el cuerpo a cambios de posición de la cabeza o del tronco. No hacen falta aparatos. Basta con observar con atención qué hacen los brazos, las piernas y el equilibrio cuando se provoca el estímulo que antes desencadenaba el reflejo.
La más conocida es el test en cuadrupedia para el RTSC. Te colocas a cuatro patas y el terapeuta te pide que flexiones y extiendas la cabeza despacio. Si el reflejo sigue activo, los codos tienden a doblarse al bajar la cabeza, o los pies se levantan del suelo sin que te des cuenta. Para el RTAC se usa una prueba de pie, con los ojos cerrados y los brazos estirados al frente. Cuando se te gira la cabeza, observamos si los brazos la siguen, caen u oscilan, o si pierdes estabilidad. Cada respuesta se puntúa según su intensidad en una escala de 0 a 4.
Si se trata de reflejos que nunca se integraron, hay varias disciplinas que trabajan en esa línea. Las más conocidas son la Terapia de Movimientos Rítmicos (TMR), la fisioterapia neurológica y la terapia visual.
Todas ayudan al cerebro a reprogramar esos patrones mediante ejercicios motores suaves, repetitivos y conscientes, inspirados en los movimientos que hace un bebé.
La TMR tiene su origen en el trabajo de la terapeuta sueca Kerstin Linde y fue desarrollada después por el psiquiatra Harald Blomberg a partir de mediados de los años 80. Combina balanceos rítmicos con presiones isométricas suaves sobre el patrón del reflejo. En España se enseña desde 2005 y hoy se conoce como BRMT.
Lo habitual es practicar entre 10 y 15 minutos al día, normalmente durante un año.
Sus promotores defienden que este trabajo consigue la maduración neurológica a cualquier edad, gracias a la plasticidad del sistema nervioso. Si la reaparición del reflejo es repentina, el camino es otro. Se necesita una evaluación neurológica inmediata para diagnosticar la causa antes de plantear cualquier ejercicio.
Análisis y tratamiento de los reflejos primitivos desde la kinesiología

La kinesiología tiene un papel fundamental tanto en la detección como en el tratamiento de los reflejos primitivos en el adulto. Esta disciplina estudia el movimiento humano y utiliza el testeo muscular para evaluar el sistema nervioso y el flujo energético. Por eso es una herramienta muy útil para identificar qué reflejos siguen activos y cómo integrarlos de forma definitiva. La relación entre reflejos y kinesiología se desarrolla principalmente en tres niveles.
Diagnóstico mediante el testeo muscular (kinesiología aplicada)
La kinesiología aplicada nació en 1964 de la mano de George Goodheart, que partió de las pruebas de fuerza muscular clásicas. A diferencia de un examen neurológico tradicional, que busca patologías graves o lesiones estructurales, la kinesiología busca disfunciones funcionales. Son alteraciones que no aparecen en una resonancia, pero que el cuerpo expresa en la forma de responder a un estímulo. El procedimiento sigue tres pasos:
- El kinesiólogo provoca el estímulo físico que originalmente desencadenaba el reflejo. Por ejemplo, girar la cabeza de cierta manera para el reflejo tónico asimétrico del cuello.
- Al mismo tiempo, realiza un test muscular, evaluando la fuerza de un músculo indicador, generalmente del brazo, como el deltoides medio.
- Si al activar el reflejo el músculo del brazo pierde su fuerza de forma involuntaria, significa que el sistema nervioso entra en estrés neurológico. Ese reflejo primitivo no está integrado y sigue interfiriendo en los circuitos motores del adulto.
Lo que notas tú es muy claro. Intentas mantener el brazo firme como hace un momento, pero cede sin que puedas evitarlo.
Tratamiento y técnicas de integración
Una vez que el kinesiólogo identifica qué reflejos están activos y cómo afectan al cuerpo, utiliza diferentes vías para ayudar al sistema nervioso central a madurar e inhibirlos. Puede tratarse de reflejos que causan dolor de espalda, malas posturas o fatiga crónica. Cada sesión empieza y termina con un nuevo test. Así se comprueba qué ha cambiado y se decide el siguiente paso.
Terapia de Movimientos Rítmicos (TMR) y ejercicios correctivos
Se pautan series de movimientos rítmicos muy específicos, suaves y repetitivos, que imitan los patrones de movimiento naturales de los bebés. Según la kinesiología, estos ejercicios estimulan el tronco encefálico y crean nuevas vías neuronales para que el cerebro “aprenda” a inhibir el reflejo de forma voluntaria. Muchos kinesiólogos los combinan con ejercicios de línea media del Brain Gym, como el gateo cruzado.
Técnicas de estimulación sensorial
Incluyen masajes profundos, presiones isométricas y estimulación táctil, visual o auditiva. Al saturar el reflejo de forma controlada, se resetea la respuesta del sistema nervioso.
Liberación de estrés emocional
Los reflejos persistentes, como el de Moro, mantienen al adulto en un estado permanente de alerta o ansiedad. Por eso la kinesiología holística combina el movimiento físico con técnicas de regulación del sistema nervioso autónomo, con el objetivo de rebajar los niveles de cortisol y estrés. Entre estas técnicas están los puntos frontales de liberación emocional y el trabajo con la respiración.
Beneficios de tratar los reflejos a través de la kinesiología
El ritmo de cambio varía en cada persona. Por eso revisamos la integración de reflejos con un nuevo testeo cada pocas semanas, y no damos un reflejo por integrado hasta que el músculo indicador se mantiene firme al reproducir el estímulo.
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