El biomagnetismo es una de esas terapias complementarias que genera tanta curiosidad como preguntas, y es normal. En nuestra clínica de kinesiología en Barcelona lo vemos cada semana: personas que llegan con ganas de entender qué es exactamente el Par Biomagnético, en qué se diferencia de la magnetoterapia y, sobre todo, si tiene sentido para ellas. Vamos a resolver esas dudas con la claridad que mereces.
Qué es la terapia con imanes o biomagnetismo
El biomagnetismo, también se conoce como Par Biomagnético, es una práctica de medicina alternativa orientada al bienestar integral que consiste en la colocación de imanes estáticos de polaridad opuesta en diferentes zonas del cuerpo. Su objetivo principal es equilibrar el pH y la energía del organismo, y en consulta es una de las terapias complementarias que más curiosidad despierta entre nuestros pacientes.

La técnica fue desarrollada por el Dr. Isaac Goiz Durán, médico cirujano y fisioterapeuta mexicano, que describió el primer par biomagnético en octubre de 1988. Goiz partió de una premisa clara: la salud depende del equilibrio ácido-base de los tejidos y las células, que debe mantenerse cerca de la neutralidad. Según su modelo, determinadas zonas del cuerpo pueden polarizarse formando pares (un polo ácido y otro alcalino) que generan un desequilibrio energético. Al aplicar un imán de polaridad negativa en un punto y otro de polaridad positiva en su punto complementario, se busca neutralizar esa alteración y restablecer el balance energético.
Es una terapia no invasiva, indolora y compatible con otras intervenciones que puedas estar siguiendo.
Los imanes que utilizamos en consulta son permanentes, normalmente de ferrita o neodimio, con una intensidad mínima de 1.000 gauss. Los kits profesionales manejan rangos de entre 2.500 y 13.200 gauss, y cada imán se identifica por color: negro para el polo negativo y rojo para el polo positivo. No requieren electricidad ni generan campos pulsados, lo que los diferencia de otras terapias magnéticas como la magnetoterapia clínica.
A lo largo de su carrera, el Dr. Goiz catalogó alrededor de 350 pares biomagnéticos. La guía oficial de primer nivel recoge 210, aunque las compilaciones ampliadas de otros biomagnetistas superan los 1.300 pares clasificados en categorías como regulares, reservorios, disfuncionales o psicoemocionales.
Una sesión típica dura entre 50 y 70 minutos. Los imanes de cada par permanecen colocados entre 15 y 30 minutos, y lo habitual es detectar entre 3 y 8 pares por visita.
Si nunca has probado el biomagnetismo, lo primero que notarás es que apenas sientes nada durante la aplicación. Tú simplemente te tumbas, vestido y relajado, mientras el terapeuta trabaja. Es una experiencia tranquila que encaja bien dentro de un plan de kinesiología más amplio, y eso es precisamente lo que la hace tan fácil de integrar en tu rutina de bienestar.
Cómo funciona el biomagnetismo en la kinesiología
El biomagnetismo y la kinesiología se fusionan con frecuencia como herramientas de diagnóstico energético y relajación. Quienes combinan ambas prácticas emplean un método denominado testeo kinesiológico.
En consulta, este proceso se conoce informalmente como “rastreo” o “escaneo”. Tú te tumbas boca arriba, vestido y con las extremidades extendidas sin cruzar, mientras el terapeuta recorre distintas zonas de tu cuerpo con un imán de polo negativo, evaluando cómo responde tu musculatura a cada punto.
Así funciona una sesión de biomagnetismo
El test reflejo muscular
La técnica más utilizada es el Arm Reflex, un test muscular desarrollado por el fisioterapeuta y osteópata belga Raphael Van Assche en los años 80 dentro de la kinesiología holística. El terapeuta realiza tracciones suaves en tus brazos o piernas mientras acerca el imán a distintas zonas del cuerpo. Lo que observa es si se produce un acortamiento aparente de una extremidad, provocado por cambios de tono en las cadenas miofasciales ante el estímulo magnético. Muchos profesionales preferimos trabajar con el monitoreo del largo de las piernas porque el paciente se mantiene más relajado y puede desatenderse por completo del proceso, lo que mejora la calidad de la lectura.
Antes de empezar el rastreo, se coloca el llamado “Par Goiz” para igualar ambos pies y establecer una referencia limpia. La lista clásica de puntos de rastreo ordenada por Goiz ronda los 106, agrupados por cabeza, tórax, costados, espalda y extremidades, aunque las versiones ampliadas actuales superan los 330 puntos.
Identificación del “Par Biomagnético”
Si al acercar el imán a una zona concreta una pierna se acorta visiblemente o un músculo pierde fuerza, el terapeuta interpreta que en ese punto existe un desequilibrio energético o una alteración del pH tisular. Entonces deja el imán de polaridad negativa en ese punto y busca su complementario: el lugar donde, al colocar un imán de polaridad positiva, las piernas recuperan su simetría. Esos dos puntos en resonancia forman el par biomagnético. Lo habitual es detectar entre 3 y 8 pares por sesión.
Impactación
Una vez identificados los pares mediante la respuesta muscular, comienza la fase que llamamos impactación. Los imanes estáticos se dejan colocados sobre los puntos detectados durante 15 a 30 minutos para restaurar el balance energético. Algunos terapeutas ajustan este tiempo según la latitud geográfica, una regla informal que divide la latitud entre dos para calcular los minutos de aplicación.
Al finalizar, se vuelve a comprobar con kinesiología que las piernas o brazos queden equilibrados, confirmando que los pares han completado su trabajo durante la sesión.
Biomagnetismo vs. Magnetoterapia
Es una de las preguntas que más escucho en consulta: “¿pero esto no es lo mismo que la magnetoterapia?”. No. Aunque ambas terapias trabajan con campos magnéticos, la tecnología, los parámetros y las aplicaciones son completamente diferentes.
El biomagnetismo utiliza imanes estáticos y permanentes de ferrita o neodimio que no necesitan electricidad ni generan campos pulsados. Son imanes fijos, con una intensidad que no puedes modificar una vez fabricados, generalmente entre 1.000 y 13.200 gauss. Se colocan directamente sobre el cuerpo y su campo es estático, lo que limita la penetración a tejidos más superficiales.
La magnetoterapia clínica, en cambio, funciona con dispositivos electromagnéticos regulados que generan campos electromagnéticos pulsados (conocidos como PEMF por sus siglas en inglés). Bobinas de cobre o aluminio alimentadas por corriente eléctrica producen pulsos con frecuencia, amplitud y potencia ajustables según la patología. Las frecuencias habituales en fisioterapia rondan los 50 Hz, con intensidades bajas (hasta 40 gauss) para procesos crónicos e intensidades medias (41–100 gauss) para cuadros agudos.
Para verlo más claro, te dejo esta comparativa:
Esa diferencia en los parámetros es lo que determina sus aplicaciones. La magnetoterapia cuenta con autorizaciones regulatorias para indicaciones concretas. En Estados Unidos, la FDA aprobó en 1979 el EBI Bone Healing System para el tratamiento de pseudoartrosis y determinadas fracturas, y en 2004 autorizó el Cervical-Stim de Orthofix como coadyuvante en fusiones cervicales de alto riesgo, con una tasa de éxito clínico del 84% en un estudio con 323 pacientes. Las sesiones de PEMF varían mucho según el dispositivo y la indicación, desde 30 minutos diarios para dolores leves hasta 10 horas al día en procesos de consolidación ósea.
El biomagnetismo, por su parte, no dispone de este tipo de autorizaciones como tratamiento médico y se enmarca dentro de las terapias complementarias de bienestar. Sus sesiones duran entre 50 y 70 minutos, los imanes permanecen sobre cada par entre 15 y 30 minutos, y el enfoque está puesto en el equilibrio del pH y la relajación general del organismo.
Contraindicaciones importantes
Cualquier terapia que involucre la aplicación de fuerzas magnéticas cuenta con restricciones de seguridad que debes conocer antes de acudir a una sesión. Esto aplica tanto al biomagnetismo con imanes estáticos como, especialmente, a la magnetoterapia clínica por su mayor potencia. Son pocas, pero hay que respetarlas.
La primera y más estricta es la prohibición en pacientes con marcapasos o cualquier dispositivo electrónico implantado, como desfibriladores automáticos (DAI), bombas de infusión, estimuladores nerviosos o audífonos implantados. El campo magnético puede alterar su funcionamiento y comprometer la seguridad del paciente. La American Heart Association recomienda mantener los imanes a un mínimo de 15 centímetros del dispositivo implantado.
En consulta, esta es siempre la primera pregunta que hacemos antes de programar cualquier sesión.
Los procesos oncológicos activos también son una contraindicación clara, debido a la capacidad de los campos magnéticos para estimular la actividad metabólica y celular. Si estás en tratamiento con quimioterapia o tienes un tumor activo, esta terapia no es adecuada para ti. En estos casos, el criterio de tu equipo médico es el que manda.
Las mujeres embarazadas deben evitar la exposición magnética, sobre todo cerca del abdomen, la zona lumbar y las caderas, porque se desconocen los efectos sobre el desarrollo del feto. La misma precaución se aplica a niños en etapas de crecimiento óseo activo, salvo indicación médica muy específica. También conviene tener en cuenta otros supuestos como trastornos de la coagulación, epilepsia, procesos infecciosos diseminados, hipertiroidismo y trasplantes recientes, donde algunos protocolos recomiendan esperar al menos seis meses.
Hay un detalle práctico que los pacientes no suelen conocer: si tienes una resonancia magnética programada, debes avisar de que te has sometido a terapia con imanes y, por supuesto, no llevar imanes al procedimiento. También es bueno saber que los imanes de neodimio de alta intensidad pueden atraerse entre sí de forma brusca y pellizcar la piel si se manipulan sin cuidado, así que su aplicación siempre debe ser profesional.
Como referencia general, la Organización Mundial de la Salud indica que la evidencia disponible no muestra efectos adversos sobre la salud humana con exposiciones magnéticas de hasta 2 Tesla (20.000 gauss), un umbral muy por encima de lo que se usa en biomagnetismo. Pero las contraindicaciones existen por algo, y en nuestra clínica de kinesiología en Barcelona las aplicamos con rigor.
Bibliografía
- Memorial Sloan Kettering Cancer Center – Magnet Therapy: Purported Benefits, Side Effects & More. Referencia sobre el umbral de seguridad de la OMS (campos magnéticos de hasta 2 Tesla / 20.000 gauss), contraindicaciones en procesos oncológicos activos y estado de la evidencia sobre terapias magnéticas. https://www.mskcc.org/cancer-care/integrative-medicine/herbs/magnet-therapy
- U.S. Food and Drug Administration (FDA) – Premarket Approval (PMA) P790002: Bio-Osteogen System 204 / EBI Bone Healing System. Aprobación del 6 de noviembre de 1979 para el tratamiento de pseudoartrosis y fracturas no consolidadas mediante PEMF. Base documental para la comparativa biomagnetismo vs. magnetoterapia clínica. https://www.accessdata.fda.gov/scripts/cdrh/cfdocs/cfpma/pma.cfm?id=P790002
- U.S. Food and Drug Administration (FDA) – Bone Growth Stimulators: Executive Summary — Proposed Reclassification of Non-Invasive Bone Growth Stimulators. Documento que recoge las aprobaciones PMA de los estimuladores óseos no invasivos, incluidos el EBI Bone Healing System (P790002, 1979) y el Cervical-Stim de Orthofix (P030034, 2004), con datos de eficacia y seguridad clínica. https://www.fda.gov/media/141850/download
